Han abordado la herida de mi pueblo de manera desconsidera, diciendo: «Paz, paz», cuando no hay paz; Jeremías 6:14

Al principio de esta tarde, el personal de Iglesias para la Paz en el Medio Oriente (CMEP) se reunió alrededor de una computadora portátil en nuestra oficina, a solo una milla de la Casa Blanca, para ver al presidente y al primer ministro Netanyahu anunciar el tan esperado «plan» para los israelíes y Palestinos, mientras escuchaba el discurso, estaba devastada. Quedé desconsolada al pensar en todo el dolor, el sufrimiento y la injusticia que este plan perpetuará.

El plan presentado por el presidente Trump y desarrollado por el primer ministro Netanyahu es nada menos que una receta para la opresión e injusticia sin fin. Los palestinos han sufrido ya durante demasiado tiempo bajo el control militar israelí, una realidad que hoy fue negada e ignorada.

El plan propuesto afianzaría aún más el establecimiento de seguridad israelí, asegurando que generaciones de hombres y mujeres jóvenes israelíes sirvan en un ejército encargado de continuando el control del pueblo palestino. El inevitable resultado será más abusos de derechos humanos, traumas y violencia.

Esto no puede sostenerse.

Además, como cristianos, no debemos esperar y dejar que nuestra fe se pervierta. Está claro que los valores cristianos están siendo usados como armas en un intento de darle una apariencia de legitimidad moral a un plan que, de hecho, está destinado a facilitar un mayor control israelí sobre las vidas, tierras y recursos palestinos.

El uso de imágenes religiosas y espirituales judeo y cristianas para justificar objetivos y agendas políticas es idolatría. Refiriéndose al moderno estado geopolítico de Israel como «una luz para el mundo», y glorificando «lugares inscritos en las páginas de la Biblia», sin abordar seriamente las injusticias sufridas por aquellos que han vivido bajo décadas de ocupación, l,o cual es totalmente contradictorio a lo que nos enseñó el Príncipe de Paz. Esta apropiación de los ideales religiosos disminuye el verdadero significado espiritual de la tierra que llamamos Santa y es una traición a la fe cristiana.

A primera vista, parte del lenguaje del plan parece prometedor. Por ejemplo, escuchamos, «Ningún palestino o israelí será desarraigado de sus hogares». Ciertamente una buena cosa! Sin embargo, cuando las repercusiones del plan se entienden más profundamente, queda claro que es posible otra lectura. Es posible que los ciudadanos palestinos de Israel no sean sacados de sus hogares, pero es muy posible que se les priva de sus derechos y el territorio en el que se encuentran sus hogares en lo que se consideraría parte de las comunidades triangulares del «futuro estado palestino». Esto sería parte del «intercambio de tierras» propuesto para maximizar la cantidad de tierra bajo control israelí y minimizar el número de palestinos que viven en la tierra.

Hablar de «oportunidades para los palestinos» de tener un futuro próspero sin reconocer las causas profundas del sufrimiento experimentado por generaciones en todo el mundo ofusca el problema y presenta una «solución» distorsionada. Si bien los palestinos a veces no han contribuido constructivamente a la paz, debemos ser claros: la raíz de su desesperación son décadas de despojo, violencia y humillación vivida, una dinámica perpetuada que no está exenta de consecuencias para la sociedad israelí. Para que los israelíes tengan esperanza en un futuro sin miedo, donde se satisfagan sus necesidades legítimas de seguridad, debe haber un plan de paz donde los gobiernos de EE. UU. e Israel reconozcan y se comprometan a resoluciones justas en respuesta a las quejas legítimas del pueblo palestino.

Lo que tampoco escuchamos fue una articulación de los derechos básicos del pueblo palestino a la autodeterminación, la libertad, la igualdad y la dignidad en una tierra en la que tienen lazos centenarios, algo que el dinero no puede comprar.

Entonces, ¿Hacia dónde nos dirigimos?

Debemos redoblar nuestros esfuerzos para abogar por una paz duradera y justa que, a diferencia de este y otros planes del pasado, esté centrada en la justicia, la igualdad, los derechos humanos y la libertad para todos en Israel y Palestina. Por favor únanse a nosotros en oración. Háganos saber sus pensamientos y su deseo de solidarizarse con todas las personas en Tierra Santa, especialmente aquellos que no estuvieron presentes en la «mesa de la paz» hoy. Estén atentos en los próximos días y semanas para conocer las acciones positivas que pueden tomar para participar en la promoción como parte de la comunidad CMEP y en sus redes. Mientras nos preparamos para el trabajo por delante, ofrezco esta oración:

Señor ten piedad. Cristo, ten piedad.

Rev. Dra. Mae Elise Cannon

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